Los cimientos de las viejas construcciones de los religiosos siguen en pie, como un testimonio del pasado; pero no son las únicas huellas. Hay otras y son profundas y añejas y se remontan a los albores de la historia de la península, cuando los pobladores plasmaban sus vivencias en cuevas y galerías, legando a la humanidad la muestra más grande de pinturas rupestres y petroglifos que existe en el planeta.
Con una antigüedad entre los mil y 500 años hasta el momento se
han descubierto 400 galerías con pinturas rupestres en
Baja
California Norte. Las imágenes causan sorpresa, crean interrogantes,
despiertan admiración, especialmente el "diablito", una figura antropomorfa
de color rojo con trazos ondulados en la cabeza a modo de cuernos,
localizadas en la galería El Vallecito.
Y si el viajero se agota de los lugares históricos, puede renovar su entusiasmo en las aguas del Pacífico o del mar de Cortés, especialmente en Ensenada, donde no escasean las playas provocativas, idóneas para la práctica de diversas actividades náuticas como el surfing y la pesca deportiva y, también, el avistamiento de aves, leones marinos y ballenas. Todas en su hábitat natural.
La aventura playera se debe de complementar con un suculento y delicioso
menú marino. Una experiencia gastronómica inigualable que incluye
una gran variedad de platillos de langostas y ostiones, además de
sopas de tortuga y de aleta de tiburón. También hay que rendirle
honores al
filete imperial (camarones con tocino cocinado
a la plancha) y a otros apetitosos potajes de sabores inolvidables.
Historia, playas y algo más: en Mexicali o Ensenada, también en Tijuana, no, sobre todo en Tijuana, la ciudad festiva y alborotada que sufre de insomnio. La puerta de entrada a México, donde todo es posible: hacerse rico en un segundo de suerte o encontrar el amor tras un guiño cómplice. Nada sorprende, ni siquiera los monos convertidos en jockeys, en las llamadas carreras de changos.
Baja California Norte es una tierra llena de magia
y misterio, con un pasado lleno de leyendas acerca de los indios,
hijos del desierto; los misioneros de la fe católica; sobre sus
conquistas y derrotas, de una vida que sus antepasados prehistóricos
testimoniaron en sus petrograbados. Es decir, una tierra que no
puede dejar de visitar.