- Cascada de Rukiraso, es una caída de agua de 30 metros
de altura. Tiene un mirador que permite apreciar a plenitud
la cascada y la Barranca de Tararecua. En los alrededores hay
varias cavernas que, antiguamente, fueron habitadas por los
rarámuris, como lo evidencian las pinturas rupestres de sus
paredes. Se encuentra a 10 kilómetros al sur de Creel, en el
inicio de la Barranca de Tararecua.
- Manantial termal de Recowata, en medio de un nutrido
bosque de pinos, álamos y encinos, se encuentra uno de los manantiales
más bellos de la región. Su temperatura promedio es de 35° C.
Se encuentra a 15 kilómetros al sur de Creel.
Para visitar el manantial es indispensable reservar un cupo con anticipación, debido a que sólo se admite el ingreso de 20 personas por día. Se recomienda, además, estar en óptimas condiciones físicas y contratar los servicios de un guía local. El tramo dura más de una hora.
- Cascada de Cusárare, aquí las aguas caen con inusitado
ímpetu desde una altura de 30 metros, creando un maravilloso
espectáculo natural. "Cusárare" (las aguilillas), llamaron al
lugar los tarahumara, los primeros habitantes de esta área de
impactante belleza, localizada a 24 kilómetros de Creel.
Para llegar a esta imponente y vertiginosa cascada, hay que caminar una distancia de 2,5 kilómetros por una zona boscosa. Muy cerca de allí se encuentra la Misión de Cusárare, establecida por religiosos jesuitas a mediados del siglo XVIII, destacando su arquitectura original y sus lienzos religiosos elaborados por artistas tarahumaras.
La cascada es el punto de inicio de la Barranca de Cusárare.
- Batopilas, es uno de los pueblos mineros más tradicionales de la Sierra Tarahumara. Está en el fondo de una barranca de 1,800 metros de profundidad y su origen se remonta al descubrimiento de ricos yacimientos de plata en 1708, los cuales pasaron a manos norteamericanas a fines del siglo XIX.
Su vieja arquitectura nacida en el auge minero le da un toque pintoresco a Batopila, que tiene entre sus mayores encantos turísticos al templo de la Misión de Satevó, de mediados del siglo XVIII y perteneciente a la orden de los jesuitas, quienes la edificaron con la finalidad de catequizar a los indígenas tubares, etnia que ya no existe actualmente.
Localizado a 123 kilómetros de Creel, cuenta con una gama de alojamientos, desde un hotel de gran turismo hasta modestos hospedajes. En la actualidad, el comercio y el turismo son las actividades económicas principales de la población, en desmedro de la minería.
- El Divisadero, localizado a 50 kilómetros de
Creel, es una importante estación ferroviaria y, también, un lugar
privilegiado para otear la Sierra Tarahumara, obteniendo una visión
fabulosa, un panorama que supera los 160 kilómetros y permite apreciar
el encuentro de las
Barrancas del Cobre, Tararecua
y Urique.
El pueblo dispone de una completa infraestructura hotelera, con alojamientos de líneas rústicas y otros de características medievales que ofrecen vistas espectaculares desde sus habitaciones. Además, en El Divisadero (2,230 m.s.n.m.), los visitantes encontrarán rutas de trekking, ciclismo y cabalgata.
Si busca alojamientos más modestos, diríjase al poblado de Areponápuchi, localizado a 5 kilómetros de El Divisadero.
- Ferrocarril Chihuahua a Los Mochis, es una de
las rutas ferroviarias más espectaculares del mundo, una admirable
obra de ingeniería que cruza por la geografía agreste de las
Barrancas del Cobre y la Sierra Tarahumara.
El recorrido completo entre Chihuahua y los Mochis (estado de Sinaloa) dura 12 horas. Durante el fascinante trayecto se cruzan 86 túneles y 39 puentes y se realizan paradas en 12 estaciones de igual número de pueblos. La altura promedio del viaje es de 2,700 m.s.n.m.
El servicio de trenes cuenta con dos líneas, siendo la más asombrosa
el ferrocarril
Chihuahua al Pacífico, una obra
de gran aliento construida entre 1881 y 1961, demora que se explica
por varios factores, como la convulsión social y política que asoló
México en las primeras décadas del siglo XX, la falta de recursos
económicos y las dificultades técnicas propias de una geografía
tan complicada.
Si bien el viaje no es un dechado de comodidades, vale la pena intentarlo
y ser uno de los pasajeros en la fantástica aventura de descubrir
las
Barrancas del Cobre, desde la ventana de un
viejo vagón.
Entre el rosario de pueblos que cruza el ferrocarril se encuentra
El Fuerte y Los Mochis, y si bien ambos pertenecen al estado de
Sinaloa, son parte de las
Barrancas del Cobre y
la Sierra Tarahumara, por lo que vale la pena conocer sus atractivos.
- El Fuerte, pueblo de origen colonial, con preciosas casonas y calles empedradas. Se encuentra a 80 kilómetros de Los Mochis y fue fundado por el conquistador español don Francisco de Ibarra, para protegerse de los indios tehuecos y zuaques.
- Los Mochis, es la estación final del tren Chihuahua al Pacífico
y uno de los centros comerciales y de transporte de mayor importancia
del estado de Sinaloa. Todos los días, cientos de viajeros arriban
para realizar el trasbordo a Topolobampo -el puerto más profundo
del Pacífico- o subir al ferrocarril que recorre los espectaculares
paisajes de Barranca de Cobre.