Pedalear en tierras aztecas es una tentadora posibilidad, una divertida y agotadora experiencia por zonas montañosas y rutas magníficas plagadas de adrenalina, curvas y ascensos que conducen a lugares donde la naturaleza y la historia se unen para crear escenarios inolvidables.
El valle de México ofrece excelentes opciones. Los experimentados del pedal y los bisoños aventureros encontrarán aquí rutas adecuadas a su destreza: caminos llenos de declives y acantilados, los primeros; y sendas simples de suaves descensos, los segundos. No se puede pedir más.
Los circuitos más visitados son:
- Ruta de Ajusco o Xitle: tiene un extensión de 28 kilómetros, 21 de los cuales son de descenso puro. La travesía se inicia en el poblado de Capulín, donde existen dos rutas. La primera lleva al volcán Ajusco y la segunda a San Agustín, en el valle del Vidrio.
Después de cinco kilómetros, ambos trayectos se unen en un impresionante cañón. Luego, por una vía empedrada se llega a la laguna seca de Quila y al espejo de agua de Zempola. En el poblado de Huitzilac empieza un descenso radical, ideal para la práctica del down hill.