- Museo Guillermo Ceniceros: exhibe las obras de este artista durangueño,
quien en 1998 donara a la ciudad gran parte de sus lienzos. Las
autoridades pensaron que la hacienda Las Flores sería un lugar apropiado
para mostrarlas.
Y no se equivocaron, porque el arte contemporáneo de los cuadros de Ceniceros contrastan espléndidamente con las viejas arquitecturas de la ex hacienda.
El museo tiene 11 salas, 5 con las obras de Ceniceros y las restantes con trabajos de otros artistas contemporáneos de gran trayectoria.
Se puede visitar de martes a viernes desde las 10:00 hasta las 19:00 y los sábados y domingos desde las 11:00 horas.
La Hacienda Ferrería Las Flores está localizada a 4 kilómetros de Durango. Se debe tomar la avenida Domingo Arrieta y, luego, la carretera Estatal.
-Grutas del Rosario: una cavidad natural permite
acceder a una caverna con extrañas formaciones calcáreas y una gran
cantidad de estalactitas y estalagmitas, formadas durante miles
de años por la filtración de aguas calizas carbonadas.
Para ingresar en la gruta hay que recorrer, aproximadamente, 500 metros, durante los cuales van apareciendo "chimeneas", "castillos", "tronos" y hasta "monstruos", nombres con los que los pobladores han bautizado a las inusuales formaciones pétreas. Otras, debido a su sonoridad, son llamadas "arpa", "timbal", "piano", "cuerdas y metales".
La gruta se encuentra en Mapimí, en el distrito de Lerdo (20 kilómetros de Durango). Se recomienda explorar la zona en compañía de un guía experimentado que cuente con lámpara y linternas.
-Zona El Silencio: es un lugar enigmático y misterioso,
porque aquí las brújulas enloquecen y no encuentran el norte, los
relojes detienen su andar, se pierden las ondas radiales y, de vez
en cuando -aseguran algunos- el cielo es sobrevolado por objetos
extraños (ovnis).
Considerado un polo de concentración de la energía terrestre, El Silencio es un enorme desierto blanco (por la sal que contiene) rodeado de montañas con cráteres originados por la caída de meteoritos, los cuales han dejado sobre la superficie fragmentos espaciales y polvo metálico.
Las noches en El Silencio son simplemente mágicas y permiten sentir la fuerza del universo. Solo hay que levantar los ojos y disfrutar del firmamento abarrotado de estrellas o echar un vistazo por los telescopios instalados en la zona, para descubrir nebulosas y lejanas galaxias.
Aparte de sus misterios y aura esotérica, este pedazo del desierto es el hábitat de una fauna singular, como la rata canguro, pequeño roedor que durante su año de vida no toma ni una sola gota agua (el líquido que necesita lo extrae de las semillas con las que se alimenta) o la tortuga gigante, una de las más grandes y extrañas del planeta, por no tener cola y no poder ocultar su cabeza en su caparazón (sus ojos amarillos la protegen de la radiación solar).
El Silencio es parte de la Reserva de la Biosfera de Mapimí, creada en 1978. Tiene 50 kilómetros de extensión y está localizado en el vértice que conforman los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila. Los estudios demuestran que hace 500 millones de años esta área geográfica estuvo cubierta de agua (mar de Thetis). En el lugar se han encontrado yacimientos de fósiles marinos. También hay restos arqueológicos.
Para visitar El Silencio hay que tomar la carretera 49 hasta el poblado de Cevallos, donde se debe seguir un camino vecinal de 65 kilómetros. Se recomienda contar con la compañía de un guía.
-Espinazo del Diablo: es un mirador natural de
las majestuosas estribaciones de la Sierra Madre Occidental (2,200
msnm). El panorama es realmente espléndido: se observar una tupida
alfombra verde que se pierde en el horizonte, la cual está formada
por pinos y encinos.
Se encuentra en el kilómetro 168 de la carretera 40, cinta de asfalto
que une
Durango con el puerto de Mazatlán.