Y en
Ixtapa hay varios remansos de arena dorada
y corrientes serenas, un atiborrado refugio de vida silvestre, una
fabulosa ciclopista de abundantes encantos naturales y hasta un
maravilloso delfinario… ah, claro, también están las noches insomnes,
las noches de discoteca.
Cambio de escenario. Ahora es
Zihuatanejo, cuyo
nombre proviene del vocablo cihuatlán, que traducido de la lengua
náhualt significa "lugar de mujeres", lo que refuerza la hipótesis
de la supuesta existencia de un matriarcado en la zona. Siglos después,
por su posición estratégica disputaría con Acapulco el dominio en
el comercio con el Oriente.
Su aire a pasado y su esencia de tierra de pescadores, son los sellos característicos de este pueblo costero. Irresistibles anzuelos para aquellos que no se conforman con las playas de conmovedora belleza, sino que buscan esa aura de paz infinita de los pueblos cargados de tradición.
Pero más allá de sus diferencias,
Ixtapa y Zihuatanejo
tienen esa peculiaridad de los lugares encantadores. Son capaces
de seducir al visitante, entrometerse en su alma e invadir un pedacito
de sus corazones. Así dan ganas de volver siempre, ganas de no marcharse
nunca.