Ojos que miran a través del tiempo, para descubrir
el legado que los antiguos hombres mayas y los forjadores de la
colonia, dejaron en
Mérida, una herencia de valor
incalculable que se evidencia en las líneas arquitectónicas que
configuran el paisaje urbano y rural de la capital del estado de
Yucatán.
Pasear en el centro: andar por el Paseo Montejo y sus cercanías, observando los bellos palacetes levantados durante la bonanza del henequén (fibra vegetal de las que se hacían cuerdas y sogas); o deleitarse con las construcciones coloniales, edificadas con piedras extraídas de los templos y palacios mayas.
Cambio de escenario, la ciudad queda atrás. En las afueras hay haciendas -lindas, acogedoras, llenas de prestancia- de origen colonial o nacidas de la fiebre del henequén. Pero eso no es todo, falta algo, quizás lo más importante: los complejos arqueológicos de origen maya de Uxmal y Chichen Itzá, patrimonios de la humanidad, joyas de piedra que se proyectan a la eternidad.
Hay mucho más por ver: santuarios naturales, puertos y playas que hacen pensar en el paraíso. ¿Necesita más razones para visitar Mérida?
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