Y aunque para algunos su semblante actual se asemeja al de una ciudad
norteamericana -en razón a su progreso industrial y sus numerosos
comercios-,
Monterrey es una de las metrópolis
más cultas y conservadoras de México y, a pesar de la distancia
que la separa de la capital del país (957 kilómetros), sus habitantes
son fervorosos defensores de la patria.
En la actualidad,
Monterrey -la tercera ciudad
de México- produce más del 50 por ciento de las manufacturas que
el país exporta. Prosperidad que se refleja en su activa vida cultural
y en la modernidad de sus nuevos edificios, cuyas líneas arquitectónicas
de avanzada contrastan y hacen resaltar la añeja prestancia de sus
construcciones coloniales.
Ciudad matizada: antigua y moderna; inquieta en su Gran Plaza o Megaplaza, su centro, su médula, su corazón, vistoso y atractivo, único, con un gran faro de más de 70 metros de alto que derrocha luz al caer la noche, una catedral de estilo barroco, construida en el siglo XVII, y, a pocos metros, un museo de Arte Contemporáneo, considerado entre los mejores del mundo en su especialidad.
Un corazón urbano que evidencia los siglos de historia de
Monterrey
y congrega en su extensión distintas concepciones y estilos arquitectónicos,
un centro en el que aún subsisten viejos edificios, como el Palacio
de Gobierno, de estilo neoclásico y fachada a base de piedras de
cantera rosa, que comenzara a construirse a finales del siglo XIX.
Pero
Monterrey no solo ofrece asfalto y cemento
a sus visitantes, sino también paraísos naturales, fabulosos refugios
de vida silvestres, con bosques de pinos y encinos y múltiples posibilidades
de aventura: trekking, escalada y rapel, ciclismo y cabalgata, entre
otras posibilidades al aire libre.
La fuerza de la naturaleza se revela también en otras formas.
Impresionantes cañones, como la Huasteca, cuyas riesgosas paredes verticales atraen cada día a avezados escaladores; o las grutas de García -la mayor cueva de México-, un auténtico bosque de estalactitas y estalagmitas, localizado a 80 metros de altura, lugar al que se llega por medio de un periférico.
De vuelta a la ciudad. A la noche inquieta con sus centros de diversión y restaurantes en los que cenar es un auténtico placer, una fiesta gastronómica a base de carnes, con platillos excluyentes como el cabrito asado, la fritada de borrego, y las mexicanísimas tortillas de maíz; que se complementan con los tradicionales glorias de linares, un dulce de leche de cabra con nueces.
Monterrey es un destino ataviado con muchos atractivos.
Su faz moderna no debe ser una excusa para borrarla de los planes
de viaje; por el contrario, es una razón que justifica la travesía,
porque sus calles condensan las dos caras de México, el pasado pletórico
de historia y el presente que desafía al futuro.