Y es que era inconcebible que la tierra que viera nacer a uno de
los máximos próceres de la lucha libertaria, llevara el nombre de
una ciudad española; entonces, las autoridades decidieron llamarla
Morelia, en memoria de José María Morelos y Pavón,
discípulo dilecto del sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, el padre
de la independencia mexicana.
Guayangareo fue la tercera ciudad que los españoles fundaron en Michoacán (la primera fue Tzintzuntzan y la segunda Pátzcuaro), pero por su rápido crecimiento se le nombró capital del estado en 1580, condición que conserva hasta hoy, como conserva, también, su bien definido trazo urbano, con calles primorosas que siempre conducen a lugares pletóricos de pasado.

Andar por el Centro Histórico. Palacios y templos. Sentir que el
pasado está de vuelta, que revive a pesar de los autos y de la gente
ataviada con jeans y chaquetas. Y
Morelia es otra
vez Guayangareo al visitar la Catedral de torres enormes de casi
70 metros, obra que se inició en 1660; y
Morelia
es otra vez Valladolid al conocer la casa de José María Morelos
y Pavón (1765-1815).

Y la sensación se repite en el palacio de Gobierno, una emblemática construcción de estilo moreliano, y en el palacio Clavijero, testimonio del paso de los jesuitas por Michoacán; en el convento Franciscano, la primera edificación española y el principal centro de evangelización, o en el templo y convento de San Agustín, con su impactante portada plateresca.
No todo es pasado en
Morelia. La capital michoacana
es reconocida como una tierra de magníficos artesanos, pues las
manos sabias de los descendientes de los purépechas o tarascas elaboran
máscaras, ceramios, piezas de cobre y sombreros de gran calidad,
con un estilo único que une lo indígena con lo español.
La visita no sería incompleta si el viajero no pasea su inquietud por el convento agustino de Santa María Magdalena y la zona arqueológica de Tres Cerritos, en el pueblo de Cuitzeo (a 34 kilómetros al norte), o por el inmenso lago Pátzcuaro con su rosario de islas habitadas y los vestigios tarascas de Ihuatzio, Tingambato y Tzintzuntzan.
Otro espacio de singular interés es el Santuario de la Mariposa
Monarca (184 kilómetros al este de
Morelia), un
bosque de oyamel a 3200 msnm que, de noviembre a marzo, es el refugio
y el lugar de reproducción de la vistosa mariposa monarca, un sorprendente
lepidóptero que migra desde Canadá y el norte de los Estados Unidos,
en una titánica travesía de 4,800 kilómetros.
Historia, cultura y naturaleza. Palabras claves para los trotamundos
que llegan a
Morelia, localizada a 303 kilómetros
de la Ciudad de México. Una urbe de gesto amable y clima benigno
(el promedio anual es de 23 grados centígrados), en la que nunca
dejará de sorprenderse.