- Casa de doña Conchita Encarnación: es una de las
más antiguas de San Sebastián del Oeste. Una reliquia arquitectónica
que comenzó a edificarse en 1700. Sus centenarias habitaciones
son parte de un museo.
- Mina La Terronera: desde tiempos prehispánicos hasta
la Revolución Mexicana de 1910, la actividad minera estuvo estrechamente
relacionada con el desarrollo de la zona, viviéndose un auténtico
auge entre los siglos XVII y XIX. En la actualidad, La Terronera
es una de las pocas minas antiguas que pueden ser visitadas
en las cercanías del centro urbano.
Para visitar el pueblo hay que tomar la carretera 70 Norte, hasta llegar a la comunidad de Las Palmas, donde comienza un camino de terracería. El viaje en este tramo dura dos horas y culmina en la desviación a San Sebastián, vía intransitable en la época de lluvias (de junio a octubre, aproximadamente).
También se puede arribar por vía aérea. Los vuelos desde Puerto Vallarta parten los jueves, viernes y sábados.
-Mascota: un lugar de culebras y venados (según
la traducción de su nombre en lengua nativa: amaxacotlán mazacotla)
en el centro de la Sierra Madre Occidental. Un lugar pintoresco
de casas de adobe y rodeado por un entorno verde, con pinos, encinos
y robles, donde habitan desde ardillas hasta jabalíes.
En la época prehispánica la zona fue controlada por indígenas tecos. Con la llegada de los españoles surgió la hacienda del Atajo, donde se fundó el pueblo de Mascota. En el siglo XVIII sería reubicado en el lugar en el que hoy habitan sus más de 13 mil habitantes.
Una visita a Mascota debe incluir un recorrido por el Mirador, localizado al oriente del cerro del Chivato es ideal para observar el bosque; la Mesa Colorada, una zona arqueológica a tres kilómetros del pueblo, donde existen grabados en piedra de 8 ó 9 siglos de antigüedad.
También hay que conocer la cascada El Coamil, a 13 kilómetros al oeste, que tiene una caída de 15 metros y está enclavada dentro de un fascinante entorno natural; y la laguna de Yerbabuena, de 200 metros de largo y 30 metros de ancho, un espejo de agua ideal para nadar y pescar camarones.
Mascota está a 100 kilómetros de
Puerto Vallarta.
Hay vuelos diarios que duran solamente 15 minutos. También se puede
ir por carretera, tomando la carretera 70 Norte. El último tramo
del trayecto es intransitable durante la época de lluvias (de junio
a octubre, aproximadamente).
-Talpa de Allende: es un remanso de paz y un refugio
de la naturaleza. En las calles proliferan las tiendas que ofrecen
lo mejor de la artesanía charra (confeccionada básicamente con cuero),
mientras que en los alrededores imperan las montañas de barro rojo
y la flora típica de las zonas tropicales.
Su nombre proviene de los vocablos tlali (tierra) y pan (encima o sobre) de la lengua náhualt, que juntos significarían "sobre la tierra"; pero más allá de sus raíces etimológicas, el pueblo conserva su prestancia colonial y un ambiente sosegado que se mantiene inalterable desde el siglo XVI, cuando Nuño de Guzmán conquistara la zona.
Talpa de Allende es famosa por su devoción a la Virgen del Rosario, siendo su santuario y su museo dos lugares de visita obligatoria.
El templo data de 1782 y tiene una fachada de piedra de cantera; mientras que en el museo se exhiben los lujosos vestidos que usa la patrona del pueblo, muchos de los cuales son bordados a mano y con hilos de oro.
Con una población que bordea los 14 mil habitantes, Talpa de Allende se encuentra a menos de 4 horas, en auto, de Puerto Vallarta. La ruta de acceso es por la carretera 70 Norte.
Vida nocturna y diversión en el mar y algo más
De día o de noche,
Puerto Vallarta siempre tiene
algo que ofrecer. Fiesta, música, tragos y romances en complicidad
con los susurros del Pacífico; adrenalina, aventura diversión y
encuentros cercanos con la fauna del Pacífico. Todo en un mismo
lugar, en un mismo destino.
Noches de bailes y copas, noches frenéticas y exultantes en discotecas al aire libre o en sofisticados clubes. Aquí siempre habrá un lugar para pasarla bien, en la Marina Vallarta, en el bulevar o en el malecón, también en los hoteles de muchas o pocas estrellas. No hay espacio para el aburrimiento ni para el sueño tempranero. Que viva el insomnio, que siga la fiesta, esa es la consigna.
Esa es solo una cara de la moneda de la diversión; la otra, incluye
retos con las olas, expediciones en busca de ballenas, delfines
o tortugas, también inmersiones en las aguas transparentes del Pacífico
o relajantes jornadas de pesca, por citar solo algunas de las actividades
marítimas que se pueden realizar en
Puerto Vallarta
(más información en ítem deporte de aventura y naturaleza).