La fundación española de
Querétaro se produjo luego
de una cruenta lucha entre los chichimecas y los conquistadores
ibéricos. La confrontación se desarrolló en la cima del cerro Sangremal,
el 5 de julio de 1531. Según las crónicas de los frailes franciscanos,
el Apóstol Santiago -patrono del ejército español- apareció en el
fragor de la batalla, decidiendo el triunfo hispano.
En agradecimiento a la intervención divina la naciente ciudad recibió
el nombre de Santiago de
Querétaro, siendo uno
de sus principales vecinos el indígena converso Conín, bautizado
como Fernando de Tapia, quien se alió con el español Hernán Pérez
Bocanegra, para enfrentar a los chichimecas.
En poco tiempo el modesto pueblo de indios se convirtió en una de las ciudades más opulentas de la Nueva España, la tercera después de México y Puebla. Su crecimiento se sustentaba en su estratégica ubicación geográfica, que la convertía en la puerta de entrada al norte del país, zona dominada por "pueblos bárbaros de tierra dentro" que "urgían ser evangelizados".
La tarea evangelizadora fue asumida por los religiosos franciscanos,
carmelitas, jesuitas y dominicos, quienes, antes de iniciar su laboriosa
tarea en las zonas aisladas, erigieron templos y conventos monumentales
en
Querétaro, en los que predominan los estilos
barrocos y neoclásicos.
Asombrosos recintos religiosos como el templo y ex convento de San Agustín, una de las mayores obras jesuitas en la Nueva España, el templo y ex convento de Santa Rosa de Viterbo, con su soberbio decorado interior y exquisitos retablos, o, el exagerado barroquismo del templo de Santa Clara.
El derroche y la suntuosidad arquitectónica rebasaron los claustros religiosos, para plasmarse en las casonas y palacios de raigambre colonial y en grandiosas obras civiles como los acueductos, concebidos para proveer de agua a la ciudad, los mismos que por su magnificencia se han convertido en la actualidad en los símbolos urbanos queretanos.
Pero
Querétaro no solo fue una importante urbe
colonial, sino uno de los principales escenarios de la gesta independentista,
porque en la llamada Casa de la Corregidora -hoy Palacio de Gobierno-
se realizaron las reuniones conspirativas que desencadenaron el
famoso Grito de Dolores, el acto que marcó el inicio de la emancipación
mexicana. Ya en los extramuros de la ciudad, se debe visitar la
pirámide del Cerrito, recinto religioso considerado uno de los más
importantes de la zona central de México. Otros vestigios de sumo
interés son las soberbias zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla,
en las montañas de la Sierra Gorda. Ambos lugares tuvieron gran
influencia económica, política y religiosa en los pueblos aledaños.
Antes de alejarse de
Querétaro, el viajero debe
tomarse un tiempo para recorrer el rosario de pueblos sosegados,
con callecitas estrechas y hermosas iglesias coloniales, localizados
en las afueras de ciudad. Los más representativos son San Juan del
Río, con sus hermosas construcciones barrocas y Tequesquiapán, con
sus innumerables estalactitas y estalagmitas.
Con una temperatura promedio de 22 grados centígrados,
Querétaro
-Patrimonio cultural de la Humanidad desde 1996- cuenta con una
variedad de atractivos que nos hablan del espíritu creador y el
empuje de sus habitantes, quienes afrontaron más de una dificultad
para esculpir palmo a palmo una ciudad que deslumbra y fascina al
viajero.