-Amatenango del Valle: es un pueblo de alfareros
de origen tzetzal, en el que el barro se convierte en arte siguiendo
viejas técnicas prehispánicas. En esta comunidad localizada sobre
un fértil valle, el viajero podrá observar el proceso de elaboración
de ollas, cántaros, macetas y otros objetos utilitarios y decorativos,
los que pueden ser adquiridos a precios justos.
La comunidad se encuentra a 37 kilómetros de San Cristóbal de las Casas. Se recomienda visitar su iglesia colonial.
-Tenejapa: un pueblo de mujeres tejedoras que tienen
la magia de convertir sus huipiles (especie de túnica o manta tradicional)
en auténticas obras de arte, casi tan impresionantes como la iglesia
de San Sebastián, la cual cobija la interminable fe de los pobladores;
pero eso no es todo, su mercado dominical es uno de los más coloridos
de Chiapas.
Se encuentra a 28 kilómetros de San Cristóbal de las Casas.
-Zinacantán: el colorido de las flores que copan
sus campos le dan a este pueblo de origen tzotzil una belleza singular,
convirtiendo al valle en un paraje de ensueño, a solo 10 kilómetros
de San Cristóbal de las Casas.
Además de sus campos floridos, el pueblo ofrece al viajero atractivas construcciones coloniales, como las iglesias de San Lorenzo y San Sebastián, y la capilla de Esquipulas. Otra peculiaridad es que en Zinacantán ("lugar de murciélagos" en español) los indígenas tzotziles se diferencian de sus hermanos de etnia por el color rosa de sus vestimenta. En el caso de las mujeres, las prendas pueden ser azules o blancas.