
Energía, magia y curanderismo en un pueblo de sólidas tradiciones y costumbres milenarias que se expresan coloridamente en sus tianguis, mercados o ferias donde aún se practica el trueque, en sus artesanías creativamente singulares, en sus fiestas rebosantes de fe y jolgorio, en sus templos para los dioses prehispánicos y, también, para el todopoderoso que llegó de occidente.

Protegido por grandes montañas y peñascos,
Tepoztlán
se yergue al pie del cerro Tepozteco en un sereno valle del estado
de Morelos, localizado a casi 17 kilómetros de Cuernavaca y a 74
kilómetros de la Ciudad de México. Su nombre de origen náhuatl es
traducido como el "lugar del hacha de cobre", haciendo alusión al
hacha que llevaba Ometochlti-Tepoztécatl, su dios protector.
Los inicios de este mágico pueblo se remontan a los 1,300 años a.C., aunque se ignora qué grupos humanos poblaron la zona. Posteriormente, sería habitado por las tribus errantes que arribaron a la cuenca de México, entre ellos los toltecas, chichimecas y xochimilcos, estos últimos a partir del siglo XIII.

En 1438 los aztecas dominarían
Tepoztlán, convirtiéndolo
en uno de sus pueblos tributarios, condición que terminó en abril
de 1521, cuando las huestes españolas lideradas por Hernán Cortés
pisaron el lugar por primera vez. Al amparo de las armas del conquistador,
los frailes dominicos empezaron a predicar y evangelizar, pero,
también, a destruir las imágenes de las deidades locales, incluyendo
en su "exterminio" al propio Ometochlti-Tepoztécatl, el venerado
dios del pulque, la fecundidad y la cosecha.