Cuando se abolió la ley seca,
Tijuana continuó
con su frenesí y su cotidiano desparpajo, el cual seduce y tienta
a los viajeros -ya no solo del vecino Estados Unidos, sino de todo
el mundo-, quienes llegan a esta ciudad, fundada el 11 de julio
de 1889, para sumergirse de lleno en su ritmo febril y alocado.
Y como para acrecentar su fama de ciudad bohemia e impenitente, hay quienes dicen que su nombre proviene de la contracción de Tía Juana, la denominación de una ranchería de la mitad del siglo XIX. Sin embargo, lenguas viperinas deslizan la versión de que la mentada Tía Juana era la dueña (otras versiones dicen que era la cantinera) de un conocido y exitoso bar.
La versión oficial es muy distinta y relaciona el origen del nombre a la palabra Ti -Wan, un vocablo de los indios cochimi que significa "más cercana"… sí, cercana a la diversión y al jolgorio, pero también a la belleza arquitectónica de su catedral construida en el siglo XVI, de su monumental Centro Cultural y, claro, del mar, la arena y la aventura.
También está cerca de la emoción de los partidos de jai-alai, el juego de pelota más rápido del mundo, un deporte similar al frontenis pero aquí la cancha es más grande y en lugar de raqueta se utiliza una cesta alargada añadida a un guante. La pelota es tan dura como una roca. Pesa 120 gramos y cuando es golpeada puede alcanzar hasta una velocidad de 300 kilómetros por hora.
Otras actividades que concitan la atención son las emocionantes carreras de caballos y galgos, incluidas las divertidas competencias de changuitos, en la que varios simios fungen de jinetes de los canes. También hay plazas de toros, para disfrutar de la galantería y destreza de los bravos matadores y vivir al máximo la emoción de la fiesta brava.
Pero el auténtico corazón de
Tijuana es la avenida
Revolución, en donde todo puede suceder y en donde nada sorprende.
Parece una frase hecha. No lo es, porque en qué otro lugar del mundo
a los burros se les pinta con rayas negras y blancas para que parezcan
cebras; y, en qué otro sitio del planeta los turistas no dudan en
tomarse una foto con el animal disfrazado.
Esto solo puede ocurrir en
Tijuana, localizada
a 188 kilómetros de Mexicali, la capital del estado de Baja California
Norte, una ciudad inventada en medio del desierto, donde los problemas
se disuelven entre margaritas, damianas (una bebida con alcohol
y una hierba típica) y tequilas; y la diosa fortuna deambula en
los naipes de los casinos o en las patas de los caballos y galgos.