¿Hay algo más? Iglesias y casonas coloniales, paseos con lagos artificiales, la primera escuela normal de México; calles y callejones, también jardines y un museo de antropología, sorprendente, espléndido, el segundo en importancia del país, con 29,000 piezas arqueológicas que sintetizan la evolución de los olmecas, totonacas y huaxtecas, las principales culturas prehispánicas del estado de Veracruz.
En sus pasadizos se develan las claves de la historia, los vaivenes
milenarios de
Xalapa o Xalapan, un vocablo del
lenguaje náhualt que se traduce como el Manantial de Arena, un manantial
que se llenó de vida con la presencia de los totonacas, chichimecas,
toltecas y teochichimecas, pueblos que fueron sometidos por los
aztecas en 1457.
Después aparecerían los españoles, con sus caballos, espadas y cruces evangelizadoras. Llegaron en 1521 para imponer sus normas y leyes, destruir los templos indígenas y erigir sobre sus escombros las iglesias de la nueva fe, la católica, la del cielo y el infierno, que tuvo su primera casa en el convento de San Francisco, concluido en 1555.
Xalapa (1,700 msnm) se consolidó y fue creciendo. Ciudad de semblante hispano, lugar de tránsito entre México y Veracruz, próspera y comercial, pintoresca por sus callecitas que parecían trepar por el caprichoso desnivel del terreno. Pero nada es eterno y el vigor de la naciente urbe se transformó en desfallecimiento, cuando se abrieron nuevas rutas para el intercambio de productos.
Renacer, salir del marasmo, romper el olvido. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Era
posible? Sí, y ocurrió en 1720, con la organización de la "Feria
de
Xalapa", un evento que atrapó la atención de
los comerciantes de la Nueva España (México) y marcó el inicio de
una nueva etapa de prosperidad. Fue el cimiento que sustentaría
su ascensión a capital estatal, 104 años después.
Después vendría lo de la "Atenas Veracruzana". Esa denominación
comenzó a gestarse en 1886, al fundarse la primera Escuela Normal
de México. A partir de entonces, se crearían centros de instrucción
de elevado nivel, lo que le daría a la ciudad un cariz estudiantil.
Hoy,
Xalapa es la sede principal de la Universidad
Veracruzana, la principal del estado.
Hasta aquí llega la historia, el recuerdo, la remembranza. Mejor
salgamos a las calles empinadas para descubrir la Catedral, donde
se venera a la Señora de la Inmaculada Concepción, patrona de la
ciudad. Al ladito del templo debe visitarse el museo del beato Rafael
Guízar y Valencia, el quinto Obispo de Veracruz (1877-1937). El
Paseo de los Lagos, un sendero de ensueño con vastísimos jardines
y frondosos árboles; la Capilla de las Animas, a la vera del viejo
camino que unía
Xalapa y Veracruz; el jardín botánico
Francisco Javier Clavijero, con más de 700 especies de flora; y
el Parque Nacional Cofre del Perote, con montañas, cañones, acantilados
y cascadas, son solo algunos puntos de interés en la ciudad y sus
alrededores.
Hay que correr el velo o acaso el tul de la niebla para conocer
Xalapa -a 302 kilómetros de la Ciudad de México y a 135 de
Veracruz-,
ciudad colonial y moderna, con sus aulas llenas de conocimiento,
sus callecitas encrespadas, su museo pletórico de pasado, sus cumbres
que crean biorritmos y sus barrancas profundas. Ah, claro, también
su pizca de misterio, sus detalles de romanticismo.